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domingo, 27 de abril de 2014

Éramos pocos...

...y parió la abuela, dice el dicho. 

Cuando creíamos que estábamos saturados con tantos perfiles en las redes sociales, surge la cuestión de las páginas o fanpages.

Pero oye, ¿eso no sirve para vender o publicitar un producto o negocio? Principalmente sí, y en el contexto de las bibliotecas son cada vez más necesarias para ser la puerta de entrada a la institución en la Web, lo que también se puede considerar como vender o promocionar el centro.
Aunque visto lo visto, se pueden crear fanpages de cualquier cosa: desde las palomitas hasta con qué pie te levantas cada mañana. En el caso de Facebook, hubo una especie de fiebre hace un par de años en la que los usuarios pinchaban en Hacerse fan a prácticamente cualquier cosa que se les pasara por delante con la que se sintieran mínimamente identificados. Se iba construyendo así una especie de biografía de andar por casa, miles y miles de fanpages que algunos todavía estarán limpiando de sus perfiles.

Pero en el caso que me traigo entre manos, se trata de crear pequeñas comunidades con una temática concreta que la gente afín pueda elegir seguir libremente, teniendo la opción (o no, según la configuración) de poder aportar contenidos y evidentemente comentar.

En el caso de Facebook (aquí mi propia fanpage), éstas son más abiertas que los grupos (no se requiere aprobación para entrar en el club), más completas (integran multitud de aplicaciones y herramientas frente a los contenidos básicos de los grupos: enlaces, imágenes, vídeos) y en definitiva son públicas (y por lo tanto promocionables).

Google+ (por aquí tenéis mi fanpage en cuestión) es un caso bastante especial, ya que la estructura es muy similar a la fanpage de Facebook, pero el trasfondo (como todo en Google+) es muy diferente. Es un infiltrado, un topo, ya que usa una interfaz que nos es familiar, y que nos hace pensar que es otra red social más. De ahí el desdén generalizado cuando salió al público, en pleno auge y predominio de Facebook. Pero lo que hay detrás de ese perfil aparentemente simple es todo el universo Google y todo lo que ello conlleva. Una potente tecnología que integra toda información que aportamos a cualquiera de sus herramientas desde una única cuenta. Esto implica, a términos prácticos, una mayor recuperación de la información que compartimos, por lo que a la hora de promocionar algo mediante una fanpage, es algo a tener muy en cuenta.

En cuanto a términos de facilidad y configuración en ambos sitios, la simplicidad innata de la Web 2.0 se refleja en los procesos, facilitando al máximo la creación de las páginas (nombre, temática, descripción, breve configuración de privacidad) y dejando la configuración más avanzada para más adelante. En cuanto a las interfaces, son prácticamente idénticas a las de los perfiles personales, al menos a nivel de usuario.

Entonces, ¿con cuál te quedas, Julia? Pues me uno al dilema que plantea Vanessa: ¿qué es de una red sin usuarios activos? ¿Es suficiente la potencia de Google para garantizar el éxito de Google+? ¿Qué es de una SRS sin usuarios que la exploten y difundan? Aunque Google+ sea el futuro, todavía le quedan muchos deberes por hacer...

Y con esto y un bizcocho...dejo Pinterest para otro día.